La fidelidad es base por altura sobre dos: ecuación cuyo primer factor -la base- son las canciones de Jaime López, lúcidas y desternillantes, mordaces, gozosas, plagadas de aliteraciones y metonimias y oximorones y retruécanos (y, por tanto, de felices sorpresas), y cuyo segundo -la altura- es la voz de Cecilia Toussaint, dotada para el humor y para el amor, para el lirismo y para el aforismo, capaz de todo menos de dejarnos en Siberia. Multiplicados (es decir puestos uno junto al otro), el factor Jaime y el factor Cecilia se potencian, derivan en fiesta de todos los santos (tal es, por cierto, el significado primigenio del apellido de Mademoiselle Toussaint), incluso de los que han sido condenados a vivir tres metros bajo tierra.
Después, sin embargo -y como en un caleidoscopio-, los factores se separan, se dividen, para dar como producto dos entidades nuevas, consignadas ya no como J -Jaime- y C -Cecilia- sino como las funciones (acaso algebraicas, seguro musicales y afectivas y afectuosas) J(C) -Jaime de Cecilia- y C(J) -Cecilia de Jaime. ¿Resultado? La fidelidad, expresada en más de 20 años de trabajo conjunto y una colección de discos y canciones memorables.
Queda una pregunta: ¿cómo conservar un matrimonio -aun si musical- firme y feliz y fértil durante tantos años? La respuesta precisa sólo la conocen el Jaime de Cecilia y la Cecilia de Jaime pero aventuro aquí una hipótesis: perdonar las infidelidades ayuda. Prueba de ello es este Acoso textual, asedio de uno a otra, de otra a uno y de ambos a nosotros, pero también oportunidad para que una Cecilia magnánima haga por fin suyo todo lo que su mequetrefe favorito no le diera tiempo ha, ya por guardárselo para sí -la evidencia conclusiva es el indispensable 1a calle de la soledad de Jaime, que diera luz a buena parte de las composiciones aquí incluidas-, ya por entregárselo -grandísimo cabrón- a otras.
Y, a todo esto, ¿a qué suena este Acoso textual? A bolero y a ranchera, a blues y a bluegrass, a guitarra y a voz, a destilado esencial de los elementos de un eterno limbo azul. (O, dicho de otro modo, a recordatorio de que, aquí en la trastienda, amar a Cecilia Toussaint es la tarea musical de Jaime López. Y qué bueno.)
-Nicolás Alvarado